La corrupción está tan enraizada en el Perú que es de
suyo difícil su erradicación. Linda en su complejidad con el narcoterrorismo
del VRAE, que intenta constituirse en una especie de Vietnam del pasado siglo, con
el aprovechamiento de sus características de enmarañada selva.
El gobierno está llamado a constituir rondas
campesinas, adecuadamente equipadas y armadas, con la finalidad de que sirvan
de apoyo de primerísima importancia a las fuerzas del orden, debido a su
conocimiento de la región.
Además, hay la imperiosa necesidad de que las fuerzas
policiales y militares cuenten con
adecuados equipos para este tipo de lucha. El país observa la paradoja
de tener un Banco Central de Reserva con record en reservas internacionales y
la policía y el ejército provistos de chalecos antibalas que no cumplen su
objetivo.
En cuanto a la corrupción, el ex fiscal supremo, Avelino
Guillén ha estimado que los corruptos en prisión “no les da la gana de
pagar” la reparación civil al Estado.
Ha expuesto, asimismo, que existe la morosidad debido
a una posible intencionalidad en su incumplimiento, pues los que se hallan
presos gozan de una buena situación económica.
Es de advertir que ante la negativa en el pago de la
reparación civil, las normas legales permiten su ejecución mediante el embargo
de bienes.
Es inobjetable que en el aparato gubernamental hubo
una verdadera red manejada por una inteligencia para el uso indebido de las
rentas fiscales, a fin de que la plata
llegue sola.
Avelino Guillén, ex fiscal supremo de amplia
experiencia en estos menesteres – su idoneidad lo dio en el caso de Fujimori-,
no debiera desperdiciarse en la investigación de los actos de corrupción.

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