viernes, 3 de julio de 2015

Avelino Guillén

La corrupción está tan enraizada en el Perú que es de suyo difícil su erradicación. Linda en su complejidad con el narcoterrorismo del VRAE, que intenta constituirse en una especie de Vietnam del pasado siglo, con el aprovechamiento de sus características de enmarañada selva.

El gobierno está llamado a constituir rondas campesinas, adecuadamente equipadas y armadas, con la finalidad de que sirvan de apoyo de primerísima importancia a las fuerzas del orden, debido a su conocimiento de la región.

Además, hay la imperiosa necesidad de que las fuerzas policiales y militares cuenten con  adecuados equipos para este tipo de lucha. El país observa la paradoja de tener un Banco Central de Reserva con record en reservas internacionales y la policía y el ejército provistos de chalecos antibalas que no cumplen su objetivo.

En cuanto a la corrupción, el ex fiscal supremo, Avelino Guillén ha estimado que los corruptos en prisión “no les da la gana de pagar”  la reparación civil al Estado.

Ha expuesto, asimismo, que existe la morosidad debido a una posible intencionalidad en su incumplimiento, pues los que se hallan presos gozan de una buena situación económica.

Es de advertir que ante la negativa en el pago de la reparación civil, las normas legales permiten su ejecución mediante el embargo de bienes.

Es inobjetable que en el aparato gubernamental hubo una verdadera red manejada por una inteligencia para el uso indebido de las rentas  fiscales, a fin de que la plata llegue sola.

Avelino Guillén, ex fiscal supremo de amplia experiencia en estos menesteres – su idoneidad lo dio en el caso de Fujimori-, no debiera desperdiciarse en la investigación de los actos de corrupción.

La condena de 25 años de prisión del ex dictador japonés Fujimori, se debe en gran parte, al delicado y acucioso manejo acusador realizado por dicho magistrado ante la ausencia de Peláez, en parte trascendente del proceso.

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